Si Fuera Gobernador, ¿Qué haría?: La Injusticia Epistemológica y la Discriminación en el Mercado Inmobiliario de Puerto Rico

Un reciente estudio publicado por la Universidad de Cambridge ha puesto en evidencia una práctica sistemática de discriminación en el mercado inmobiliario de Puerto Rico. Este hallazgo es preocupante y revelador, ya que expone cómo los prejuicios y desigualdades históricas siguen impactando la vida cotidiana de los puertorriqueños. El estudio utilizó un experimento que evidenció la preferencia hacia compradores estadounidenses sobre los locales, perpetuando desigualdades económicas y sociales.
Referencia: “Discrimination Against Puerto Ricans in the Puerto Rican Housing Market: Evidence from a Pre-Registered Audit Experiment,” publicado en el Journal of Race, Ethnicity, and Politics por la Universidad de Cambridge.
El Estudio en Detalle: Cuatro Razones Clave de la Discriminación
El experimento consistió en el envío de 1,512 consultas ficticias a vendedores de propiedades, representando a compradores puertorriqueños y estadounidenses. Los hallazgos principales fueron los siguientes:
- Preferencia por compradores estadounidenses: A los estadounidenses se les ofrecieron más propiedades en comparación con los puertorriqueños.
- Acceso desigual a visitas: Los estadounidenses recibieron más invitaciones para mostrar viviendas.
- Barreras económicas: A los compradores locales se les solicitó con mayor frecuencia pruebas de fondos o precalificaciones bancarias, mientras que los estadounidenses enfrentaron menos obstáculos de este tipo.
- Respuestas selectivas: Aunque los puertorriqueños recibieron una tasa más alta de respuestas iniciales, estas se limitaban principalmente a informarles que las propiedades no estaban disponibles, restringiendo así sus opciones reales.
Este patrón refleja una discriminación estadística basada en la percepción de que los compradores locales tienen menos poder adquisitivo o presentan más dificultades en el proceso de compra.
La Injusticia Epistemológica: Ampliando el Concepto
La filósofa Miranda Fricker introdujo el término “injusticia epistémica” para describir cómo ciertos grupos son despojados de la capacidad de contribuir al conocimiento colectivo. En el caso de Puerto Rico, estas injusticias incluyen:
- Injusticia testimonial: El testimonio de los puertorriqueños es desacreditado o ignorado en el mercado inmobiliario, donde se asume que carecen de capacidad financiera.
- Injusticia hermenéutica: La falta de herramientas conceptuales para articular experiencias de desplazamiento económico y cultural debido a la exclusión histórica de los procesos de creación del conocimiento.
Sin embargo, el fenómeno de discriminación entre puertorriqueños hacia sus propios compatriotas, especialmente en el ámbito económico, podría identificarse como una forma de “injusticia epistémica interna”. Este término describe cómo los prejuicios internalizados, arraigados en una narrativa colonial prolongada, llevan a los locales a replicar desigualdades históricas contra su propia comunidad.

Comprendiendo Nuestra Mente Colonizada para Descolonizarla
Para comprender el sesgo cognitivo de la mente colonizada, es indispensable conocer nuestro pasado. Ray Dalio, con su conocida frase: “Para entender lo que va a suceder, debes estudiar lo que ha sucedido antes”, nos presenta la idea de usar patrones históricos para anticipar eventos futuros. Al conectar esta perspectiva con nuestra heurística y sesgos cognitivos, se explica cómo las experiencias previas moldean las expectativas de los individuos y las sociedades. La historia económica nos ofrece lecciones valiosas sobre cómo manejar crisis similares en el futuro.
Un Legado de Colonialismo y Subordinación Epistémica
Frantz Fanon, psiquiatra, filósofo y escritor, es una de las figuras más influyentes del siglo XX en los campos de la psicología, la filosofía y los estudios poscoloniales. En sus escritos, Fanon analizó cómo los colonizados internalizan una percepción de inferioridad, adoptando los valores, la lengua y las actitudes del colonizador. Este proceso lleva a una alienación cultural y psicológica, donde los colonizados buscan asimilarse al modelo del colonizador.
Fanon expresó que la liberación completa de los pueblos colonizados requiere no solo un cambio político, sino también una descolonización de la mente y la identidad. Además, destacó cómo el lenguaje juega un papel crucial en la colonización de la mente: cuando los colonizados adoptan la lengua del colonizador como símbolo de progreso, a menudo se distancian de su propia cultura.
La discriminación documentada en Puerto Rico no puede entenderse fuera de su contexto histórico. La isla, ubicada dentro de un archipiélago encadenado a la colonización por imperios europeos como España, Francia, Inglaterra y Holanda, fue testigo de la explotación de esclavos para la extracción de recursos como azúcar, café y oro. Desde la llegada de los colonizadores españoles, Puerto Rico ha sido un laboratorio de explotación económica y cultural. Este proceso se ha perpetuado a lo largo de los siglos a través de políticas y eventos específicos que han reforzado una narrativa de inferioridad y dependencia para los puertorriqueños.
Contexto Histórico
- Siglos XV y XVI: Genocidio de los taínos Durante este tiempo, los colonizadores españoles usaron un documento llamado El Requerimiento para justificar la conquista y apropiación de tierras indígenas. Este instrumento legal informaba a los pueblos indígenas sobre la autoridad de la corona española y la Iglesia Católica, exigiéndoles sometimiento. Si los indígenas rechazaban, esto justificaba la esclavización, violencia o guerra en su contra.
- Ley Foraker (1900) Estableció un gobierno civil controlado por los Estados Unidos, limitando la capacidad de los puertorriqueños para autogobernarse y consolidando la dependencia política y económica.
- Ley Jones-Shafroth (1917) Aunque otorgó la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, fue impuesta sin consulta previa, con el propósito de reclutar soldados para la Primera Guerra Mundial, despojándolos de su capacidad de decisión.
- Ley de Cabotaje (1920) Al imponer el uso exclusivo de barcos estadounidenses para el comercio, esta ley encareció los bienes de consumo y limitó la competitividad económica de la isla.
- Operación Manos a la Obra (1947) Transformó la economía puertorriqueña al industrializar la isla, pero también desplazó comunidades agrícolas que no calificaban para préstamos y dependían del crédito informal. Esta dinámica, acentuada por la Sección 936, genero un gran desarrollo economico y nuevos empleos y a su vez fomentó el desparramamiento urbano y una dependencia al capital extranjero para la activación económica.
- Expropiaciones en Vieques y Culebra (1940-2003) Desplazaron a miles de familias y expusieron a las comunidades locales a contaminación ambiental, reflejando una falta de empatía y desprecio por el bienestar de los puertorriqueños en favor de intereses militares estadounidenses.
- Ley de Mordaza (1948) Criminalizó cualquier expresión independentista, silenciando a generaciones de líderes y marginando la narrativa de soberanía puertorriqueña. Esta ley, que duró nueve años, generó frustración y dolor entre los puertorriqueños.
- Experimentación médica y esterilización forzada (1930-1970) Miles de mujeres fueron esterilizadas sin su consentimiento como parte de un programa de control poblacional que deshumanizó a las comunidades locales. El doctor Cornelius Rhoads fue acusado de realizar prácticas médicas poco éticas, incluso admitiendo en cartas haber matado a varios puertorriqueños, a quienes describió como una “raza inferior”.
- El “Carpetazo” (1960-1980) El gobierno de Puerto Rico, en colaboración con el FBI, recopiló información secreta sobre miles de ciudadanos que simpatizaban con movimientos independentistas o criticaban la relación colonial con los Estados Unidos, instalando un clima de miedo y represión.
- Experimentos en niños (1980-1990) Niños de familias de bajos recursos fueron sometidos a experimentos médicos sin el conocimiento o consentimiento de sus padres, perpetuando la explotación de los más vulnerables.
- Crisis de la deuda y Ley PROMESA (2016) Imponiendo una Junta de Supervisión Fiscal, esta ley despojó a Puerto Rico de su autonomía económica, priorizando priorizando a los acreedores sobre las necesidades del pueblo.
Estos eventos reflejan cómo la subordinación epistémica y la supresión sistemática de voces locales en la toma de decisiones han limitado la capacidad de los puertorriqueños para controlar su destino económico, político y cultural.
El Presente: Gentrificación y Nueva Economía
Las políticas actuales, como la Ley 22 (ahora parte de la Ley 60), han convertido a Puerto Rico en un paraíso fiscal para extranjeros ricos. Si bien estas políticas buscan atraer inversión extranjera, también han exacerbado la gentrificación, no solo en bienes raíces, sino también a nivel económico, empresarial y geográfico. Sobre todo, han iniciado un cambio (shift) socioeconómico y cultural que no podemos ignorar debido a una mente colonizada.
No cabe duda de que estas leyes nos mueven hacia un modelo más moderno y competitivo; sin embargo, es sumamente importante reflexionar sobre los rezagos y las consecuencias sociales que estas transformaciones económicas y socioculturales traen consigo, como nos ha demostrado el pasado.

Reflexión sobre la Ley 60 y el Futuro Compartido de Puerto Rico: Colaboración, No Explotación
No se trata de rechazar la Ley 60 ni de ver a los beneficiarios como superiores o inalcanzables. Al contrario, se trata de reconocer que, si ellos han elegido venir a Puerto Rico, no es solo por sus exenciones fiscales, sino porque entienden el valor de nuestra historia y cultura, y quieren formar parte de nuestro ADN. Por lo tanto, es justo y razonable que también nosotros solicitemos equidad, colaboración y reciprocidad.
En Estados Unidos, los capitalistas más populares comprenden la importancia de proteger sus comunidades, su industria y su identidad. Un ejemplo es el expresidente Donald Trump, quien enfatizó repetidamente la importancia de “América Primero”, un Capitalismo Nacionalista. Esa misma lógica aplica aquí: “Puerto Rico Primero”. Debemos ser anfitriones, no víctimas; queremos colaborar, no ser explotados.
Si algo aprendimos de la antigua Sección 936 es que quienes vienen únicamente por el dinero, tan pronto como encuentran un incentivo más atractivo en otro lugar, se van. Pero quienes valoran verdaderamente lo que Puerto Rico tiene para ofrecer, su cultura, su gente y su calidad de vida buscan contribuir al desarrollo de nuestra isla. Así me lo han expresado inversionistas que se han acogido a la Ley 60.
Si fuera Gobernador: ¿Qué haría?
Para abordar estas desigualdades y crear una mayor justicia económica y cultural, propondría las siguientes acciones concretas:
- Educar al pueblo: Fomentaría una educación que disuada la división por filosofías económicas, ideologías políticas, creencias religiosas, diferencias culturales, razas o clases sociales.
- Educación histórica y económica: Invertiría en programas educativos que fortalezcan el entendimiento colectivo de nuestra historia económica y cultural.
- Prioridad para compradores locales: Diseñaría políticas que prioricen a los puertorriqueños en la compra de propiedades ofertadas por agencias gubernamentales o bancos.
- Colaboración y reciprocidad: Ajustaría la Ley 60 para garantizar que los beneficios contributivos también favorezcan a los locales, promoviendo inversiones inclusivas. Por ejemplo, un beneficiario de la Ley 60 podría establecer su negocio en Puerto Rico, pero si desea comprar un negocio o empresa, deberá incluir socios puertorriqueños.
- Regulaciones claras: Implementaría mecanismos legales para supervisar y sancionar la discriminación en el mercado inmobiliario. Por ejemplo, un extranjero beneficiario de la Ley 60 podría adquirir su residencia principal, una segunda residencia y/o una propiedad para su negocio o empresa, pero si desea comprar más empresa, propiedades o dedicarse a la inversión inmobiliaria, deberá hacerlo con socios puertorriqueños.
- Fomento del capital local: Crearía incentivos y estructuras legales economicas para que los inversionistas locales puedan competir en igualdad de condiciones.
- Promoción cultural: Impulsaría proyectos teatrales, literarios y artísticos que refuercen la identidad cultural e histórica de Puerto Rico. Por ejemplo, así como la obra de Alexander Hamilton explora la Revolución Americana, promovería obras que narren nuestra historia, como las vidas de Albizu Campos y Eugenio María de Hostos. Albizu Campos: Denunció cómo la opresión colonial no solo explotaba los recursos, sino que también deshumanizaba a su pueblo, inspirando la necesidad de políticas que prioricen el acceso equitativo a los recursos y oportunidades económicas. Eugenio María de Hostos: Abogó por una educación que promoviera el pensamiento crítico y la autonomía intelectual. Ambos líderes ofrecen un marco para diseñar soluciones contemporáneas basadas en la justicia social y la equidad económica.
Un verdadero capitalista no teme a reglas justas. Sabe que cuando las comunidades prosperan, todos prosperan. Muy en el fondo, sabemos que “no queremos ser simplemente el paraíso fiscal de otros, sino un socio real en el crecimiento económico”.
El poder adquisitivo de esta nueva élite crea una desventaja competitiva para más del 90% de los empresarios puertorriqueños que componen el sector de pequeñas y medianas empresas, las cuales no cuentan con los mismos beneficios fiscales. Sin embargo, estas empresas sostienen la falta de captación económica del sector no formal, de los dependientes de subsidios estatales y federales, de los evasores del mercado digital, de las disposiciones de la Ley 60 (22), y del mercado ilícito, entre otros.

Conclusión: Una Perspectiva Basada en Evidencia
Los datos presentados muestran que la discriminación en el mercado inmobiliario de Puerto Rico no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de dinámicas históricas y estructurales profundamente arraigadas. Abordarlas requiere medidas sistemáticas basadas en evidencia, combinando regulaciones, incentivos y educación.
Si fuera gobernador: ¿qué haría? implementaría un plan educacional integral para desmantelar la los sesgos de una mente colonizada y desigualdades actuales y construir un futuro más inclusivo, sostenible y resiliente. La meta no sería simplemente mitigar los efectos de estas prácticas discriminatorias, sino transformar el sistema para que el bienestar colectivo sea el centro de todas las políticas económicas.
El cambio es posible, pero exige voluntad, liderazgo y un compromiso con la justicia social. Puerto Rico tiene la oportunidad de convertirse en un modelo de resiliencia económica y equidad, pero esto solo será posible si actuamos con decisión, visión a largo plazo y educación para liberarnos del colonialismo interior y romper con las cadenas del pensamiento condicionado por siglos de dependencia.
“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” —Nelson Mandela

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